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UN BRILLANTE TRABAJO DE DANIEL LUQUE. Por Barquerito

TRES HORAS DE festejo. Se dejó sentir en los huesos no se sabe si el cierzo o el mistral y, cuando se fue  el sol, bajaron tanto la temperatura y la sensación térmica que la corrida amenazó con hacerse interminable. Solo que, sin contar los grandes progresos de Manuel Manzanares como rejoneador –su gran estilo de jinete, su asiento, su cuadra renovada y bien domada-, los momentos más felices fueron los últimos. Uno de los dos toros de mejor nota de la noble corrida de Montalvo  -el sexto- y la faena más redonda y garbosa de cuantas se fueron sucediendo, que llevó la firma y hasta el sello de Daniel Luque.

Solo ligero con el capote en el saludo, fino en un quite muy revolado por chicuelinas de graciosos giros, y convencido y muy firme en una faena que logró casi lo imposible: calentar ala gente. Deentre toda la gente, uno que ya lo estaba: muy calentito. Y que reclamó a grito pelado que no se le fuera tan lejos la escena. “¡Daniel, Daniel, viens ici…!” En pie, con los brazos en cruz. Un espectáculo.

Estaba el vociferante instalado en una delantera alta de sol y sombra, casi encima dela presidencia. Elviento obligó a cambiar los terrenos habituales de lidia –en el Anfiteatro son las rayas de sombra- y hubo que buscar el socaire de las jaulas romanas, o sea, la puerta de cuadrillas, que es también la entrada del circo, justo enfrente de toriles y presidencia.

Y ahí se puso a faenar Luque tras una apertura notable por estatuarios ligados en madeja de hasta ocho –uno detrás de otro- y con la guinda de un cambio de mano por detrás espectacular. Eso prendió el fuego. El toro, pronto y repetidor, largos los viajes, puso su parte. Daniel,la suya. Labanda de música se arrancó con la “Ópera Flamenca”, la gente palmeó sus compases más conocidos y pegadizos, y todos contentos. Iba a hacerse de noche. No tanto.

Daniel encontró el modo, el donde y el como del toro con mucha facilidad. Las tuercas en las zapatillas, buen juego de brazos, muletazos largos y ligados, tres tandas en redondo muy completas porque en las tres hubo ajuste y cadencia. Y no es que eso fuera todo –dos docenas de buenos pases, lindo manejo- pero casi, y hasta debió serlo, porque, sin previo aviso, se encogió el toro. Se encogió y se paró. Le costó un mundo tomar engaño por la izquierda.

Procedía ir por la espada cuando todavía estaba la gente celebrando en serio esa fiesta inesperada. Insistió Luque con un temerario encaje entre pitones. No le tembló el pulso, ni se le fue un pie. Pero no acertó con la espada: un pinchazo, una entera que hizo guardia, un aviso –el enésimo que suena en esta feria de faenas interminables- y adiós, orejas. Será otro año, otra vez será.

Al club de los trasteos pródigos, prolijos y por capítulos se apuntaron con mayor o menor razón Castella y Fandiño en sus dos turnos. El lote de Castella fue bastante más propicio que el de Fandiño. Idéntico el metraje de las cuatro faenas, en cambio. Las dos de Fandiño tuvieron el mérito técnico de ir asentando a sus dos toros, y en especial al quinto de corrida, que tuvo apoyo frágil –un tendón de la mano derecha lesionado- y adelantó por codicioso y no por celoso. Al segundo de la tarde le acabó pegando muletazos muy despaciosos. Lo que más destacó de las dos faenas de Castella fue su seguridad: ni un paso en falso, ni un toque de más, calibre matemático, buen son en el toreo en redondo, ajuste al natural. Rumbo de bolero.       

FIN

 

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